jueves, 10 de noviembre de 2011
DEJÓ MORIR A SU NIÑO INTERIOR
Estas últimas noches estuve soñando con él, pero no lo soñaba como es en la actualidad, sino como cuando era muy jovencito y yo lo conocí. Su carita de niño bueno se me apareció dos noches seguidas y en ambas estábamos muy bien los dos.
Recuerdo más el primer sueño, en el que él con una especie de uniforme de trabajo con pantalón bordó de corderoy y camisa blanca, parece que había sido elegido por mi papá para hacer un trabajo de organización de eventos con mucha gente a su cargo y yo lo veía muy entusiasmado y muy responsable con ese trabajo, tanto que casi no me hablaba, pero yo estaba tranquila igual, sabía que eso se lo había mandado mi papá y él no me haría quedar mal.
Yo veo en este sueño que estoy retomando mi imagen primitiva y antigua de él, para poder así compararla con la actual y real y ver cuánto cambió y no sólo físicamente, sino sobre todo en su carácter y en la forma de tratarme. La realidad es que ese jovencito lindo y bueno se transformó en un viejo feo y sobre todo gruñón, intransigente y malhumorado que es lo que no me gusta. Lo físico no importaría, todos cambiamos en eso, pero que halla matado el niño que llevaba dentro es un crimen que no tiene perdón.
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